viernes, 2 de mayo de 2008

PRIMERA REFLEXIÓN SOBRE EL CUENTO


Me arriesgaría a decir que el cuento debió de ser el primer arte practicado por el hombre. Desde el momento en que aquellos homínidos bajaron de los árboles y fueron iluminados por la chispa del intelecto, empezaron a contarse historias. ¿Qué sentido tenía? ¿Cubría aquel acto alguna necesidad básica?

En términos estrictamente biológicos la respuesta sería “no”, así pues ¿por qué?

La respuesta viene dada en términos antropológicos: EL MIEDO.

El intelecto lleva a la lucidez, a una comprensión más compleja y profunda de un entorno hostil, a la socialización para la supervivencia. En ese sentido, la narración oral cumplía dos objetivos: reforzar el sentimiento de pertenencia al grupo, y calmar los miedos.

Así pues, pasando a hablar ahora en términos freudianos, el cuento nació de la necesidad del ser humano de exorcizar los miedos, de comprender lo incomprensible, de aprehender lo inaprensible.

Narrar forma parte de la naturaleza del ser humano, igual que la necesidad de comer, dormir, defecar y procrear. Igual que la necesidad de digerir los miedos y transformarlos en monstruos, en dioses, en héroes, en mitos… en risas o en llantos.

EL CUENTO, en cualquiera de sus formas, oral o escrita, está intrínsecamente ligado a la vida y el alma humana.

Yo soy cuentista y tú, a tu manera, también lo eres. He conocido a algunos que tenían un don para contar historias (y no eran escritores) y si lo piensas un poco, estoy seguro de que terminarás por evocar el rostro de ese amigo tuyo que siempre te saca una sonrisa con sus anécdotas.

EL CUENTO es algo cotidiano que nos ayuda a seguir adelante.

Y si en la cotidianía, el cuento es un alivio, en la LITERATURA puede convertirse en una joya.

Os iré informando sobre esas joyas que vaya encontrando en mis lecturas.