miércoles, 21 de octubre de 2015

ROBERT SHECKLEY: CIENCIA FICCIÓN Y HUMOR


¡Alguien debería decidirse a reeditar las antologías de relatos de Robert Sheckley!

Desde que un veterano aficionado me descubriese a Sheckley, ya hace años, he leído y releído sus cuentos una y otra vez, maravillado por su energía, su frescura, su originalidad y valentía narrativa (en muchas ocasiones disfrazada de frivolidad), su ironía y su incomparable ingenio.





Leyendo y releyendo su obra he podido detectar las influencias y ecos que sus cuentos recibieron de otros maestros, y como él mismo influyó en futuros escritores de ciencia ficción.

A Sheckley no le interesaba la ciencia ficción “dura”. No le robaba el sueño la justificación científica de los argumentos, sino la especulación y la anticipación, usando la ficción como  arma para estudiar la naturaleza del hombre y de las sociedades en que vive. En ese sentido estaba más cerca de autores más “sociales” como Bradbury que de maestros como Asimov.

Sin embargo Sheckley practicaba también lo que él mismo llamaba “escapismo”. Es decir, que usaba la ficción como forma de evasión, esperando proporcionar ese placer sencillo y honesto a sus lectores. Precisamente esa forma de trabajar sus cuentos, imaginativa y aparentemente despreocupada en sus temas, acabó dotando a sus relatos de una trascendencia lúcida y llena de ironía. En eso, por seguir con las comparaciones, se parecía mucho a Fredric Brown (otro de mis favoritos), autor contemporáneo suyo, con el que compartía el uso del humor como elemento intrínseco al arte de la narrativa.

Escapismo y humor. Sheckley narra con esa desvergüenza que tienen los grandes contadores de historias. No importa dónde consigue su protagonista una máquina que materializa cualquier objeto imaginado, ni tampoco importa cómo funciona esa máquina. Lo que le interesa a Sheckley, y por extensión acaba interesando al lector, es cómo afecta al personaje, en qué conflicto se ve envuelto a causa de ello, y cómo sale del entuerto a base de ingenio y fuerza de voluntad. ¿Me seguís?

Siguiendo esta línea de razonamiento, si leéis a Sheckley puede suceder cualquier cosa imaginable. Y no me refiero a lo típico que se dice de los buenos autores de ciencia ficción. Con Sheckley “cualquier cosa imaginable” quiere decir CUALQUIER COSA IMAGINABLE. Si no hay necesidad de justificar, tampoco hay límites autoimpuestos. Sólo la imaginación y el talento de un gran narrador que es capaz de llevarte a dónde sea, de cogerte de la mano y lanzarte a los abismos sin que tú preguntes ni rechistes. Y de hacerte reír mientras caes.

Podréis elegir entre viajar en el espacio con el pensamiento, o de forma más tradicional; con una nave estelar. Viajaréis en el tiempo. Traspasaréis el fino velo que separa los infinitos mundos posibles gracias a los efectos de una droga sintética.
Lucharéis por vuestra vida en televisión. Buscaréis la verdad sobre la vida y el amor y, tristes de vosotros, la encontraréis. Huiréis del ser humano, tropezaréis con la utopía social y desesperaréis con sus disparates. Negociaréis con los recursos naturales de un planeta entero.
Conoceréis a Dios (a varios dioses, de hecho) y comprenderéis porqué el mundo está loco, loco, loco. Aunque con Sheckley no se trata sólo del mundo, sino de “los mundos”.
Os pondréis en la piel del alienígena invasor, y también en la de la raza que recibe con los brazos abiertos a los visitantes de las estrellas. El ser humano se convertirá en el extraterrestre que llega, y nuestra cultura y costumbres resultarán aberrantes e incluso criminales para aquellos que ya vivían allí. 

Sheckley explora el malentendido entre culturas a menudo. También el colonialismo, la lucha por la supervivencia universal. Siempre a través de la ironía, con un finísimo humor que nos hace reflexionar.
Y sin descuidar el propósito primero y último de todo relato (y esto no me canso de repetirlo): el entretenimiento.

Su estilo franco y directo, paradójicamente, es rico en sutilezas. Esto hace que su obra siga muy viva en pleno siglo XXI.

Hablando de cómo ha influido en autores posteriores, me limitaré a poner un par de ejemplos, que desde mi punto de vista, son definitorios.

1.   En relatos como “El precio del peligro” o “La séptima víctima”, Sheckley describe un futuro donde se retransmite televisivamente un concurso violento que consiste en cazar o ser cazado. Matar o morir. En “la décima víctima”, desarrolla la idea convirtiendo el tema en una novela corta divertidísima, donde el disparate y la mirada del bufón denuncian y advierten.
Bueno, además de lo obvio que es que anticipara ya en los años 50, los reality shows y la mediocridad moral de una sociedad primermundista cada vez más frívola, el argumento os sonará bastante.
En “The running man”, un joven Richard Backman (alias Stephen King) retoma la idea  convirtiéndola en un thriller futurista terrorífico, que después se llevaría al cine dando lugar a una película bastante mediocre (aunque divertida), protagonizada por Arnold Swarzenegger: “Perseguido”.

2.      En el relato “El Contestador”, un ordenador intergaláctico está programado para responder a todas las preguntas sobre la vida, el universo y todo lo demás (sí, ya podéis ver por dónde van los tiros), y espera la visita de aquellos que harán las preguntas correctas. Sólo que las formas de vidas que lo visitan (entre ellas los humanos), están tan limitadas por el tiempo y el espacio, que no son capaces de plantear las preguntas correctamente, para frustración del gran ordenador.

En la novela breve “Dimensión de milagros”, un hombre corriente y moliente gana la lotería galáctica y es teletransportado al centro del Universo para cobrar el premio. El problema es que, como el universo está en constante movimiento, resulta imposible devolverlo a su tiempo y lugar de procedencia. Así, el protagonista se ve obligado a viajar por el Contínuo, incapaz de volver a su casa y a su vida aburrida y acogedora, llegando a conocer las diferentes facetas de Dios y de la creación del Universo.

Creo que tanto el relato como la delirante novela, tendrían una importante y clara influencia sobre Douglas Adams, que seducido por la visión de Sheckley, escribiría la divertidísima, inefable e imprescindible “Guía del autoestopista galáctico”

Por acabar con los ejemplos e influencias, y sin ánimo de compararme ni de lejos a los maestros, yo mismo me declaro muy influido por el estilo y los puntos de vista de Sheckley, aunque habitualmente no escribo ciencia ficción. 

Y volviendo al tema de la vindicación del autor.
En nuestro país nunca ha sido demasiado conocido, salvo por los fanáticos de la Sci-fi más veteranos. Y aunque hace décadas se publicaron antologías de sus relatos, ahora se encuentran todas descatalogadas y son difíciles de encontrar. Sé que no hace mucho, RBA publicó “Trueque mental” en su línea de ciencia ficción. Lamentablemente esa línea cerró y nos quedamos con las ganas de más. Así que ahora mismo podéis encontrar fácilmente el mencionado “Trueque mental”, mientras que para el resto de la obra de Sheckley, que no es poca, tenéis que recurrir a la segunda mano de Edhasa, Caralt, Noguer o Martínez Roca. Ediciones no faltas de encanto, pero viejísimas y fáciles de deshojar. Yo he conseguido gran parte rebuscando en mercadillos, librerías de segunda mano o librerías especializadas. Podéis encontrarlos a precios varios; yo he pagado por alguno un euro, mientras que por otros he llegado a los nueve (estoy más o menos satisfecho porque, de media, no me habré gastado más de cinco euros por libro). Mi consejo es que, si los veis, id a por ellos pero no paguéis más de cuatro o cinco pavos (a menos que estéis especialmente interesados, claro) por muy nuevos que parezcan: por dentro el papel está viejo y la cola del lomo se despega igual. Si tienen arruga y están baratos no lo dudéis, lo que cuenta es la lectura.

En fín, todo esto supone que las nuevas generaciones de lectores se pierdan la obra de Sheckley o, simplemente, no lo conozcan más que como referencia, cuando, a mi modo de ver, está a la altura de otros grandes maestros del género como los ya mencionados Bradbury, Asimov, o Brown, que sí tienen antologías circulando en la actualidad.

Ya sé que el mundillo editorial está jodido, amigo. Pero si lees esto y eres editor, si por casualidad tienes los derechos, o si éstos están libres y tienes capital, si además la dirección editorial te permite usar ese capital… Si todos esos factores se alinean con las estrellas bajo el signo de acuario, y además te parece bien:

¡Por favor, edita una antología de cuentos de Robert Sheckley para que podamos volver a leerlo en papel sin que las páginas se nos hagan pedazos en las manos! ¡Haz que los nuevos aficionados lo conozcan!

Pero si esto no sucede, si tú, lector, te haces eco de mis palabras y te pica la curiosidad, si quieres degustar una lectura gourmet y no encuentras los libros de Sheckley en los mercadillos de segunda mano, entonces… Entonces te animo a que los busques por internet, los descargues y los disfrutes. Para los descatalogados creo que es una opción perfectamente válida y moralmente lícita, así que no te sientas culpable.

Y es que hay obras que no deberían caer en el olvido.

Esperando completar mis estanterías, os dejo ya.
Que tengáis felices lecturas.