domingo, 18 de julio de 2010

RECOMENDACIÓN: "CREÍ QUE MI PADRE ERA DIOS"


Creí que mi padre era Dios.

Que gran título para un cuento, y que gran título para una antología de cuentos.





Aunque Paul Auster firma esta joya, vale la pena que se lea la letra pequeña. No se equivoquen los fans, Auster solo firma como editor, y tan sólo aporta al libro un maravilloso prólogo.
Creí que mi padre era Dios no nació en un despacho editorial, sino en la ondas. Al bueno de Auster se le ocurrió proponer en el programa radiofónico en el que participaba por aquel entonces, que los oyentes enviaran a la radio relatos autobiográficos que, y cito al propio Paul Auster, “revelasen las fuerzas desconocidas y misteriosas que intervienen en nuestras vidas [...] En otras palabras, historias reales que bien pudieran ser una ficción”.

Pues bien, en poco tiempo Auster se vió saturado por la cantidad de relatos, y si hay que creer en lo que dice (y no tengo motivos para dudarlo), leyó más de cuatro mil relatos, de los que seleccionó los que se incluyen en el libro.

A modo de reflexión, puede parecer curioso tal bombardeo. Pero no hemos de olvidar que Estados Unidos tiene una poderosa tradición literaria en cuanto a creación y publicación de relatos. Allí no sólo se publican antologías. Aún hoy en día, las revistas suelen comprar cuentos a escritores noveles; algo que por desgracia no sucede en nuestro país, en mi opinión no porque no haya público, sino porque no se les da la oportunidad de consumir. Las grandes editoriales son demasiado conservadoras y sólo publican antologías de autores consagrados, y aunque, afortunadamente, unas pocas editoriales pequeñas siguen insistiendo con los autores noveles, esta suele ser la excepción que confirma la norma.

Pero volvamos al libro.
En general, tengo que admitir que me ha maravillado. Historias divertidas, entrañables o desgarradoras que, en su mayoría no te dejarán indiferente. Relatos originales, toscos unos, sofisticados otros, alguno de ellos magistral, que componen un mosaico, una crónica de un país y de su historia. Recordad que, supuestamente son historias reales escritas por amateurs. No tengo la seguridad de que todo lo que se cuenta sea cierto, pero puedo decir que hay relatos tan extraños que no pueden ser ficción.
En todo caso, ¿qué más da?

Vas a disfrutar, te lo aseguro. A riesgo de hacerme pesado, volveré a citar a Auster: “Me es difícil imaginar que alguien pueda leer este libro de cabo a rabo sin derramar una sola lágrima ni soltar una sonora carcajada”.
¿Puede venderse mejor un libro?

Como crítica sólo puedo decir que en el capítulo dedicado a la muerte hay demasiados cuentos parecidos que narran experiencias similares, aunque cada uno de ellos aporta un tono diferente, su lectura consecutiva puede llegar a aburrir. Pero como siempre digo, si encuentras un cuento aburrido, sáltatelo. Tienes esperando su turno muchos otros.

Destaco alguno de los que me han gustado:

“La gallina” por original y por ser una magnifica presentación a lo que nos viene encima; “Bribón”, una pequeña comedia sobre el KokluxClan; “La historia de un conejo”, brevísimo relato sobre los deseos y las oportunidades; “Lo más divertido”, encantador disparate que nos habla sobre el valor del humor; “La tarta”, donde se profundiza en el delicado y a veces confuso amor paterno-filial; “La niña nueva”, doloroso relato sobre el racismo y la culpa; “El país de las personas perdidas”, que trata el tema del azar y el karma; “El botón”, o la primera experiencia erótica y liberadora de un adolescente; “Una lección de amor”, divertido y cínico a partes iguales; “Paseo dominical”; “Martini filosófico”; “¿Dónde estás, era Rose Rodosta?”; “Vivir sin hogar en Prescott, Arizona”; y tantos otros.

Y mis favoritos: “Venganza” Y “Un plato de guisantes”; relatos que hablan sobre la familia y que nos devuelven a nuestra infancia sin dejar de lado nuestro lado adulto. Entrañables y cómicos.

Como veis, el libro es una mina de oro.

De nuevo, Anagrama, nos lo ofrece en una sencilla edición de bolsillo que podréis encontrar sin dificultades y a un buen precio. Hablamos de 500 páginas de grandes relatos.

Vale la pena.
Recomendado. Recomendable.
Leed y disfrutad.

¡UN CUENTO A LA SEMANA!