miércoles, 11 de marzo de 2009

RELATO 41: "EL ÚLTIMO PACIENTE DEL DÍA"

Buenas tardes, amigos del murciélago.

Hoy os ofrezco un relato fantástico (de género fantástico, quiero decir; si el relato os resulta fantástico en sí mismo es algo que debéis decidir vosotros mismos).

Para los que me vaís siguiendo desde hace tiempo, se trata de otro cuento de Arístides Ngabi, mi particular investigador de lo paranormal. A los que no conocen a Arístides, pero quieren entrar en su pequeño mundo, les recomiendo leer:


En esta ocasión viajamos a la juventud de un Arístides en busca de respuestas.

¿Existe la magia?

Bien, hay opiniones de todo tipo. Unos dirán que no, que, lo mismo que los milagros, las abducciones extraterrestres y el hombre del saco, se trata de un cuento que sólo se tragan los niños y los incautos.
Los hay también que creen ciegamente en determinados ritos y conjuros.
Y los hay que creen en que la fe del ser humano es lo que hace que la magia funcione. Es decir, si alguien desea algo fervientemente, tarde o temprano lo conseguirá... pero sólo si ese deseo está en lo más profundo de su ser y alguien le da un empujoncito. Yo creo que la magia es ese empujoncito. ¿Qué más da si el que cree en ella es un incauto si al final funciona? ¿Qué más da que el conjuro sea un engaño destinado a que el hombre se sienta más confiado y consiga lo que se propone? ¿Es la magia menos mágica por funcionar de forma diferente a como creemos que funciona?

¿Podemos creer en los PRODIGIOS?

Ah, pero todo tiene un precio ¿verdad? ¿Y los deseos oscuros no suelen conllevar consecuencias funestas?

En fin, no os lío más. Leed y opinad:



EL ÚLTIMO PACIENTE DEL DÍA.



"[...] La anciana no es muy habladora. La mayor parte del tiempo, él se dedica a mirar, a escuchar a las gentes que vienen a pedir una cura, o un ungüento, o un amuleto que proteja su casa cuando bajen los monzones, y a ayudar cuando ella se lo ordena. Las horas pasan a un ritmo diferente allí dentro, el sudor resbala por su frente, el humo se le mete en el alma, y cuando abandona la cabaña al oscurecer, se siente tan débil y mareado que suele vomitar sobre las aguas turbias del río. Entonces acuden los peces y devoran sus miedos con deleite. Pero al día siguiente él está otra vez allí. Él aprende. Él mira y aprende. Aprende y espera [...]"




DESCARGA EL RELATO COMPLETO EN PDF CLICKANDO AQUÍ:


EL ÚLTIMO PACIENTE DEL DÍA



Y eso es todo, mis incrédulos murciélagos. Espero que lo paséis bien con el cuentecito, y que os haga estremecer un poco, no demasiado, pero sí lo suficiente para que os acordéis de él cuando vayáis a dormir y apaguéis la luz... Si es así, recordad que el único pago que reclamo es que enviéis el cuento a algún amigo, o mejor aún a todos.

Ahora ha llegado el momento del relax del murciélago. Pienso sentarme en mi sofá (que está colgado del techo, como debe ser) y ponerme a leer algo.

Os esperaré aquí, como siempre, con...

¡UN CUENTO A LA SEMANA!

7 comentarios:

GAB dijo...

buen relato, me quede en el estupor de Aristides y la sorna del narrador, que ve como caen muertas la mujer y la esperanza del infeliz esposo...

saludos chamanicos

Persis dijo...

¡Hola! Muy bueno el relato, me gustó mucho. Es un género que apasiona.
Aprovecho para agradecer tu comentario en mi blog y decirte que "Desde el rincón de la araña" está activo, no sé por qué no podés entrar (la que está inactiva soy yo: tengo la compu en reparación).
Que disfrutes de tu descanso en tu sillón colgado del techo.
Un abrazo

SERGI ÁLVAREZ dijo...

Gab, Persis...

Pues muchas gracias, chicos!

Como os ha gustado aprovechad para leer los otros dos cuentos de Arístides. Cada uno es diferente. Aver que os parecen.

Tomo nota Persis, debo tener mal el enlace en mi blog, lo arreglare lo antes posible.

Un abrazo de murciélago para los dos!

Mauricio Maciel dijo...

Exelente relato!
Ya mismo voy a leer los otros dos.

Estuvo buena la idea de describir a la magia como recurso que se debe usar con responsabilidad e inteligencia y no como la creencia generalizada de que la magia es un ¡Puf! que hace aparecer o desaparecer cosas sin provocar ninguna consecuencia colateral.

Saludos!

SERGI ÁLVAREZ dijo...

Gracias MAuricio, hermano Demente.

Pues la idea se me ocurrió viendo un documental sobre chamanes. Curiosamente, en el documental, un hombre pedía realmente a la chamán que su esposa muriera.
El resto vino solo y Arístides tuvo su tercera aventura.

¡Un abrazo!

Izan Valencia Mateo dijo...

Supongo que la moraleja es:
cuidado con lo que se desea.

Buen relato, plagado de detalles "truculentos" (los vómitos en el río, la sanguijuela...)

SERGI ÁLVAREZ dijo...

Vaya, vaya... El pequeño Izan va camino de crítico literario. JAJAJAJA.

Un abrazo, chicos!